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Fotografía
de José Enrique Lingán, 2003
Prólogo de Escrituras
ahuyentables I. El educador mercenario
Escrituras ahuyentables I recoge las entrevistas que, durante
los últimos años, sirvieron a Pedro García Olivo de 'escudo', de
'barricada' íntima, contra la fuente inconmensurable de su desasosiego: la
Escuela. Las tesis que erigió asimismo en artilugios de combate, armas
arrojadizas, mientras ejerció de "anti-profesor" inejemplar y
cuando, pertrechado de desesperación, conseguía escapar de la docencia.
Casi desde todos los registros conocidos (teoréticos, coloquiales,
filosóficos, poéticos,...), el autor se ha forzado a 'hablar' de aquello
que, tal vez, no le permitía 'vivir'. Esta sorprendente
"heterogeneidad" en los modos textuales, conciliada con el
testarudo centramiento en un objeto único, obsesionante -la Educación-,
constituye quizás el rasgo más llamativo de la obra que presentamos. Por no
decir nada del extemporáneo y desapacible radicalismo de sus tesis, siempre
abrazadas a la experiencia de la persecución y, como se ha sugerido, de una
locura sobrada de razón.
Este libro, "no apto para cualquiera", como gustaba
advertir Herman Hesse a propósito de su El lobo estepario, ha
acertado, en nuestra opinión, con su título: Escrituras ahuyentables.
Escrituras que cabe 'alejar', 'evitar', 'sortear' (ahuyentar); escrituras
de las que podemos 'protegernos', sabedores de que nacieron con la voluntad
de agredir ("Quién quiera que seas, defiéndete; pues voy a dirigir
contra ti la honda de una terrible acusación", se nos 'aclara' en el
encabezamiento de "Presentación"); escrituras de las que siempre
es factible 'escabullirse', ponerse a salvo, como no ocurre con esas otras
literaturas 'inesquivadas', casi 'inevitables', que caen sobre nosotros con
la desfachatez del diluvio o de la escarcha y que tan difícil resulta no
leer - best-séllers, ocurrencias de los autores 'de moda', montajes
editoriales, obras complacientes de este o aquel "escribidor"
mimado por el mercado,... "Escrituras ahuyentables" que definen
desde el principio a su enemigo, el muy sacralizado 'engendro' que
quisieran borrar de la faz de la Tierra: las Escuelas de la Democracia,
nada menos que las mejores de nuestras Escuelas...
"¿Eres la noche?", nos pregunta, brutal y desconcertante,
Pedro García Olivo, recogiendo un verso en alemán de Rilke ("Bist Du
die Nacht?"), casi como 'prolegómeno' para la extraña batalla contra
uno mismo a que aboca la lectura de su obra. Nos gustaría concluir esta
breve nota con una tentativa de respuesta: no lo hemos sido, no sabemos por
qué no hemos podido serlo... Hasta nos parece ilegítima la pretensión de
buscar en el lector la noche. Y, sin embargo, cuando pensamos en todas esas
palabras sedientas de interpelación que casi se amotinan en Escrituras
ahuyentables, a las que hemos añadido erráticamente estas pocas
nuestras, quisiéramos poder abrigar todavía, con Juan Rulfo, la esperanza
de que "algún día... llegará la noche".
"¿Eres
la noche?”
Víctor Araya
Valencia, canícula del 2007
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obra completa
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