CONTRA EL ESTADO DEL BIENESTAR,
IVÁN ILLICH O EL ARTE DE RENOMBRAR
(Prólogo de la reedición en España de “La sociedad
desescolarizada”, de Iván Illich)

“La sociedad desescolarizada”, obra de referencia de Iván
Illich, ha sido reeditada en España por Brulot. Se nos concedió el privilegio
de componer el prólogo de este libro, resuelto (en sus primeros tramos) como
vindicación de la figura de Illich, uno de los más influyentes críticos de la
institución escolar, y (en sus desarrollos finales) como topografía de los
puntos de encuentro y desencuentro entre el intertexto anti-pedagógico y la
tradición desescolarizadora.
Reproducimos íntegro dicho prólogo, que ha aparecido
también en el periódico digital “

CONTRA EL ESTADO DEL BIENESTAR,
IVÁN ILLICH O EL ARTE DE RENOMBRAR
“Un pastor leyó una vez, en un libro muy antiguo, de cuando
se sabían todas las cosas y las letras se adornaban con dibujos,
que, andando el tiempo, la tierra entera se convertiría
en un desierto;
y debe ser verdad, por lo antiguo que era el libro y lo
elegante de los dibujos.”
Alejandro, pastor de Arroyo Cerezo
1)
De cuando se sabían todas las cosas...
Decía Barthes que cambiar el sentido de las palabras, inventar nuevas locuciones, mezclar y confundir los lenguajes, era operar una Revolución. Cuando ya casi todo ha sido enunciado, y callarse arrojaría una amenaza mayúscula pero desatendible, gigantesca y, a su vez, desvalida, “renombrar” las cosas aparece como un arte refugio, en el que Illich sobresale.
Como, en estos tiempos sombríos que vivimos, nadie va a correr en nuestra ayuda con una antorcha en la mano, como ni queremos ni admitimos más “iluminados”, el gesto de Illich arrostra una asombrosa contemporaneidad. Decir lo dicho, con otro lenguaje, tras modificar “singularmente” la perspectiva: nada menos y casi demasiado...
El hombre que no aspira ya a “desentrañar”, a “descubrir”, a “exhumar”,
que no se presume cultivador de una intimidad prodigiosa con
¿Cómo no sentirse hermano de Iván Illich al percibir, y a veces “padecer”, su voluntad extrema de sinceridad, aún cuando camina sobre las palabras de los otros, su sed de coherencia? Sinceridad intelectual y coherencia vital...
La mayor parte de los libros publicados se dejan leer desde una
perspectiva “cínica”. Y es lo que les corresponde, pues se escribieron con un
espíritu “cínico”. No hay verdad sustancial en sus palabras, porque tampoco hay
demasiada verdad en la vida de sus lectores. Se traba, ahí, un juego entre
mentirosos... Juegan; pero ríen poco, o ríen teatralmente. Y todo huele a
sepulcro... Illich habla desde el corazón, es sabido. Pero lo maravilloso,
casi lo imposible, es que ese corazón está sano...
He sentido la tentación de escribir un prólogo un poco más académico, más al uso, informando, contextualizando, apenas mostrándome al hablar de otro. Pero no he podido del todo. Lo siento por los compañeros de Brulot, que seguramente esperaban otra colaboración de mi parte. Me ha asaltado el convencimiento de que es preciso empezar quitándose el sombrero ante Illich, maestro (y nunca Profesor) de la anti-pedagogía, inspirador (aunque no Guía) de la desescolarización; un “hombre bueno”, lo más peligroso y lo más arriesgado que cabe hoy imaginar, lo más temido por los poderes, como nos sugería Zizek, lo más odiado por los hombres “ni buenos ni malos”, tibios, templados, que Dante ubicaba en la antesala del infierno, tan ineptos para la plegaria como para la blasfemia, incapaces de afirmar y de negar. Illich, diablo ético, nuestro compañero, nuestro hermano. Iván, un “buen demonio”, en la acepción de Goethe.
Consciente de que “sobra” el prólogo (Derrida: “Precediendo a lo que
debe poder presentarse a sí mismo, cae como una corteza hueca y un desperdicio
formal, momento de la sequedad o de la charlatanería, a veces una y otra cosa
al mismo tiempo”), concibo este preámbulo como una declaración de
reconocimiento. Quienes no profesan el menor “culto” a
2)
Por lo antiguo que era el libro...
En un tiempo en que
Así como contamos con una robusta tradición pedagógica, un
amplio abanico de experiencias reparadoras de la escolarización, que se
despliega desde las Escuelas Nuevas de la primera hora (vinculadas al
reformismo originario de Pestalozzi, Dewey, Montessori, Decroly, Ferrière...) hasta
las Escuelas Libres de hoy mismo (con Summerhill en Gran Bretaña, Paideia en
España y Pesta en Ecuador como proyectos señeros), pasando por el “progresismo”
de las Escuelas Activas (Freinet, bajo la pancarta), de la llamada “Pedagogía
Institucional” (Oury, Vásquez, Lobrot) y de las propuestas “no-directivas”
(Rogers), etc.; así como son miles los autores que han pensado para
Ha habido, desde luego, poetas y narradores que pusieron de manifiesto una sensibilidad anti-escolar, tal no pocos “románticos” y la mayor parte de los “malditos”. Recordemos a Wilde (“Así como el filántropo es el azote de la esfera ética, el azote de la esfera intelectual es el hombre ocupado siempre en la educación de los demás”), a Rimbaud (“Tiene una mano que es invisible y que mata”), a Hölderlin (“Ojalá no hubiera pisado nunca esa escuela”), a Lautréamont (Escuela: “la mansión del embrutecimiento”, “la hermana de la sanguijuela”), a Baudelaire (Una ocupación del Diablo: “Inspirar la pluma, la palabra y la conciencia de los Pedagogos”), a Cortázar (el lema del Profesor: “Mandar para obedecer, obedecer para mandar”), a Artaud (“Todo ese magma purulento de la casta de los grandes burgueses eximidos de la conciencia y del espíritu: curas, científicos, médicos, profesores...”), etc.
Pero, desde el ámbito filosófico, desde la arena científica, desde el
campo del ensayo, son escasos los autores comprometidos en la desacralización y
repudio de
E Iván Illich destaca por la amplitud y
belicosidad de su narrativa “desescolarizadora”, que se plasma en la obra que
prologamos, pero también en otras (“Juicio a
Si, en cierto modo, con Nietzsche y Marx ya quedaba casi todo “dicho” en
relación con el cometido de
3)
Y lo elegante de los dibujos...
La posición de Illich se singulariza, dentro del arco anti-pedagógico, por dos circunstancias decisivas: en primer lugar, por el ángulo desde el que examina la escuela (una suerte de tríade: 1) teoría crítica general de las instituciones; 2) anti-industrialismo, revisión del productivismo, literatura de la “sociedad de consumo”; y 3) perspectiva de los países subdesarrollados, de la pobreza en América Latina); y, en segundo, por su voluntad de diseñar “alternativas”, de trascender el “idealismo negativo”, de resolver la crítica no solo en “hacer” (poesis) sino también en “actuar” (praxis).
Illich “renombra” porque recurre a un aparato conceptual muy peculiar, a un repertorio terminológico de self-service, forjado con préstamos de la teoría de las instituciones, del anti-productivismo intelectual y de la crítica de la sociedad de consumo. Al no partir expresamente del basamento marxista o de la impugnación anarquista, al desechar jergas funcionalistas y lenguajes especializados académicos, puede “refrescar” el universo del discurso y hablar “de otra manera” para, no obstante, incidir en la misma denuncia sustancial y converger en el rechazo franco del sistema.
Podría argumentarse que la teoría de las
instituciones esgrimida por Illich (y que aplica a
Podría sostenerse, también, que, por aferrarse a la “teoría de la
sociedad de consumo”, se ve impelido a “saltar” precipitadamente desde el
ámbito económico (producción, intercambio, consumo, beneficio,...) al
político-cultural (crítica de la educación, la salud, el transporte... administrados),
perdiendo de vista la “mediación social”, con lo que desatiende la cuestión
clave de la dominación de clase, de la antítesis Capital-Trabajo, de la
división en la población. Pero, como contrapartida, al atenerse a esos
conceptos de un modo neto, diáfano, sólido, los planteamientos de Illich en
torno a
Me importa mucho subrayar que el tercer aspecto de la “perspectiva” de
Illich (el enfoque sudamericano) le ha permitido esquivar el más turbio de los
etnocentrismos: concebir el Planeta como una mera proyección de Occidente.
Iván, aparte de subrayar la “maldad” congénita de
4)
Que la tierra entera se convertiría en un desierto...
Iván Illich es un temperamento “constructor”, “positivo”, “emprendedor”.
Pocas veces se concilian, en una personalidad, un radicalismo crítico tan
grande en los presupuestos y una voluntad
tan férrea de “alternativa”, de “diseño”, de “invención”, en las
derivadas prácticas. Denunciarlo todo y ser capaz de “proponer” mucho convierte
a Illich en un auténtica “rara avis” de
En efecto, sorteando los cepos del nihilismo y del maximalismo
inmolador, Illich no ceja nunca en su empeño de alumbrar estructuras
educacionales inéditas, que no se reconozcan en el modelo de
Corría con ello, no cabe duda, un riesgo; pues el “tránsito” (el
“periplo”) desde la crítica teórica hasta la innovación pragmática no puede
darse hoy sin vértigo, sin escalofrío y tal vez sin fracaso. Y cabría valorar
sus propuestas (Tramas de Aprendizaje, Lonjas de Habilidades, Servicios de
Búsqueda de Compañeros, Tarjetas de Edu-crédito, Bonos de Estudio”,
Instituciones Conviviales”, etc.) como llamativas excrecencias de cierto
“utopismo conservador”. Hablamos de “conservadurismo” porque tales iniciativas
están pensadas para el aquí y ahora, para la sociedad tardo-capitalista;
y quieren encajar en su seno, lograr la admisión, “institucionalizarse” de alguna
manera, clavarse en lo Dado, “fijarse”. Y decimos “utopismo” porque salta a la
vista que ningún gobierno, ningún partido, ningún poder va a dar un solo paso
en esa dirección: no lo hará nunca precisamente por el radicalismo de la
premisa, por la extremosidad del proyecto -se trata de abolir
Queda la poética del gesto: trascender la mera crítica negativa, como si se sucumbiera a “la tentación de existir” (Cioran), para exponerse a la mancha. Trabajar en lo sucio a fin de que no lo sea tanto, y aunque nos ensucie.
Pero, justamente cuando Illich está más cerca de aquel “utopismo conservador”, de aquella “ingeniería de los métodos alternativos”, tanto más lleno de sugerencias y de hallazgos teórico-prácticos se nos revela. Es entonces cuando alude a las relaciones discipulares libres (vínculo maestro-discípulo), que nada tienen que ver con las docentes autoritarias (vínculo profesor-alumno). Es entonces cuando descalifica con dureza el engendro de las llamadas Escuelas Libres, las más mentirosas y las más venenosas de todas. Es entonces cuando canta a la auto-educación, a la educación en comunidad, a la interrelación cultural no reglada. Es entonces cuando aboga por “tramas” de aprendizaje en las cuales los participantes pudieran intercambiar libremente su saber, apoyarse en sus búsquedas compartidas, elegir “maestros” temporales, siempre desde la horizontalidad y la ausencia de jerarquía, siempre desde la autonomía -prefigurando, ciertamente, aspectos de las llamadas “redes sociales” y de otros dispositivos de transferencia cultural propiciados por Internet. Es entonces, precisamente cuando quizá sueña, cuando más amable nos parece este hombre sublevado, que nos enriquece en todas y cada una de sus páginas, yerre o no el tiro.
Cada vez que revisito sus textos, siento que su optimismo político y
existencial, su posibilismo cultural, amenazan con reclutarme. Pero no lo
logran: allí donde él proclama “muerta”
Pedro García Olivo
www.pedrogarciaolivoliteratura.com
“La sociedad desescolarizada”,
Iván Illich, Brulot Editorial, 194 págs| 21 x