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El representante de la casa de piensos compuestos

Contra el Estado del Bienestar...

 

POLICÍAS DE SÍ MISMOS QUE SON, EN SÍ MISMOS, “ESCOLEROS”

 

 

 

  En 2009 participamos en el curso de formación “Filosofía para docentes. Pensar la Educación”, organizado por el Sindicato de Enseñanza de la CGT de Huesca, que tuvo lugar en las aulas de la Universidad de esa ciudad aragonesa. La revista “Aula Libre” publico, en 2010, un conjunto de artículos que remitían a las ponencias de aquel curso. Presentamos el texto que nos suscitó nuestra conferencia y que se publicó en la revista.

 

POLICÍAS DE SÍ MISMOS QUE SON, EN SÍ MISMOS, “ESCOLEROS”

 

 

“Así como el filántropo es el azote de la esfera ética,

el azote de la esfera intelectual es el hombre empeñado en educar siempre a los demás”

 

Oscar Wilde

 

 

1)

    En la Península Ibérica, entre el 10 % y el 15 % de los humanos son “escolares”: niños secuestrados cada día para que el aparato educativo del Estado, este o aquel, despliegue sobre su conciencia la tradicional operación pedagógica de reforma moral y de re-fundación de la subjetividad. Forjar al Empleado Útil y al Ciudadano Ejemplar: ayer como hoy, he ahí el objetivo de la Escuela.

  Y así lo atisbaron Stirner, Nietzsche y Marx, entre otros, en la primera hora. Y así lo percibieron, con mayor claridad, Ferrer Guardia, antes de su giro “pedagogista”, Blonskij y un sinnúmero de poetas y escritores “malditos” en los segundos tiempos. Y así lo han denunciado, en la tercera época, Foucault, Deleuze, Querrien, Donzelot, Illich, Reimer… por citar sólo a unos pocos de los autores que con más gusto he leído. En el cuarto período aún podríamos reunir una legión de nombres, muchas legiones de nombres, que todavía no han sido seleccionados (vale decir, “desechados” unos y “escogidos” otros) por la memoria, política y policial, de la Cultura heredable. Y me reconforta saber que mis esfuerzos antiescolares cuentan también con un regazo, con un refugio, con un asilo en el que palpitan los textos de A. Miller, de P. Sloterdijk, de J. C. Carrión,...

 

2)

   Pero no vale la pena reparar en los aliados. Lo triste, lo definitivamente triste, es comprobar que, al lado de ese 10-15 % de los “escolares”, prisioneros a tiempo parcial que ya casi no tienen conciencia de su cautiverio, tenemos casi a un 90 % de “escoleros”.

   Escoleros… El escritor y antropólogo peruano José María Arguedas recogió este término de las comunidades indígenas que estaban siendo asaltadas y destruidas por la Escuela. “Escoleros” eran todos los que tenían que ver particularmente con la Escuela, maestros, alumnos, padres afectados, algunas autoridades,… Al lado de los “escoleros” estaban los “comuneros”, que ciertamente preferían mirar a otra parte.

   Yo llamo “escolero” a aquel individuo que ha sido colonizado por la ideología docente, que ha sucumbido moral e intelectualmente ante los mitos de la Educación Administrada, que no ha podido sustraerse al “prejuicio escolar”, por lo que comparte, con la inmensa mayoría de sus congéneres, un “verosímil educativo” (Barthes), una suerte de “conciencia anónima” (Horkheimer) justificadora de la Escuela, casi un “sentido común regional” que le lleva a aceptar y hasta aplaudir la práctica siniestra de un Confinamiento Civilizador (Sloterdijk). Son “escoleros” los maestros y profesores (la mayor parte de ellos, al menos), muchísimos alumnos, casi todos los padres, las gentes interesadas en fundar “escuelas nuevas”, predicándolas “libres” a pesar de que exigen a aquel interlocutor forzado que llamamos “alumno” y a esta autoridad inocultable que denominamos “profesor”, “enseñante”, “facilitador del aprendizaje”, “compañero adulto” o como se quiera.

 

3)

   La plaga inmensa de los escoleros amenaza, pues, con metastasiarse en la plaga, sin más, de la humanidad. Creo, de corazón, que se trata de la plaga última.

 

4)

   No puedo concentrar en dos páginas, como se me pide, mis cargos contra los escoleros. Maltrataría la legitimidad de mi postura, que se cifra en una crítica radical de toda forma de Escuela y en un muy meditado odio hacia ese “pariente de la sanguijuela” que nombramos “profesor” (Lautréamont) y que G. Steiner, cuando la jubilación, rescatándolo de las aulas, lo desaferró también de la infamia, definió como “educador mercenario”. Tampoco puedo sintetizar, sin violentarme y sin disecar mi percepción, las ideas que procuré encender en aquella larga jornada oscense.

 

5)

   Me contentaré, entonces, con arrojar unas pocas sentencias:

 “Sólo hay Escuela donde hay Opresión. Se dan profesores y alumnos allí donde persiste la fractura social y donde se reproduce el dominio político.”

 “La educación sucede, acontece, ocurre, es inevitable y ni siquiera puede deconstruirse; pero otra cosa es la escolarización, hábito originariamente característico de sólo un pequeño puñado de hombre sobre la tierra. Existen educadores naturales como los padres, educadores electivos como esos amigos a los que reconocemos cierta excelencia moral, educadores informales como las personas de nuestro entorno que estimamos especialmente y escuchamos con mayor atención,…; y existen educadores meretricios, domesticadores a sueldo, tal todos los profesores.”

 “La expresión pedagogía libertaria encierra una contradicción entre los dos términos: lo libertario es la anti-pedagogía, el rechazo del autoritarismo inherente a la figura del Profesor y de todo proyecto de una reclusión educativa de la juventud.”

 “Los regímenes demofascistas contemporáneos requieren una Escuela reformada, afín a lo que solemos llamar “Escuela Libre”, pues sólo desde ese modelo cabe reproducir planetariamente la figura del “policía de sí mismo”, del hombre que se auto-controla y se auto-reprime, sujeto convenientemente mutilado para que no perciba la opresión escolar (se sintió “activo”, “participativo”, “libre” y hasta “soberano” en las aulas) y, de paso, ninguna otra en cualquiera de sus mundos. Policías de sí mismos que son, en sí mismos “escoleros”: he aquí el ideal antropológicos del fascismo democrático”

  “Ha llegado la hora de callarse: a la Escuela se la mantiene viva por la insensatez de colocarla una y otra vez sobre la mesa, reanudando neciamente un debate racionalizador; se la mantiene intelectualmente en pie por el despropósito de repensarla sin descanso, cuando lo más oportuno sería oponerle por defecto, como sugería Foucault para el asunto del Hombre y de su Liberación, una sonrisa terminal, una sonrisa filosófica y, en cierto modo, silenciosa.

 

6)

¿La Escuela? Sí, ahí está. ¿Escuela Libre? Por supuesto, ¿cómo no? Todo el planeta una Escuela y ustedes, educadores progresistas, garantizando hasta el final nuestra Libertad…

***

 

(Aula Libre. Cuadernos, núm. 10, pp. 33-35, Zaragoza 2010. Para contactar con la revista: Aula Libre. Movimiento de renovación pedagógica. Apartado de Correos 11507, Zaragoza-50008, aulalibremrp@gmail.com )

 

 

Pedro García Olivo

www.pedrogarciaolivoliteratura.com