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Fotografía
de José Enrique Lingán, 2003
Pasajes
iniciales de “Crítica historiográfica: el discurso del impostor”.
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"Necesidad de la palabra para poder callar"
E. M. Cioran
He aquí el juego de luces y sombras
de la Crítica Historiográfica. Luz mortecina de un positivismo que no
conserva ya ni el valor de reconocerse como tal. Pero, también, luz
discrecional, vigilante, inquisitiva, luz nocturna de campo de
concentración. Sombras amenazantes de una maquinaria de la legitimación más
al alcance de la sospecha que de la certeza. Sombras cotidianas que han
terminado acostumbrándonos al horror de su presencia por la misma
insistencia de su presencia. Sombras que en cualquier momento pueden ser
las de nuestro propio discurso: ni siquiera el discurso de las sombras está
a salvo de convertirse en la sombra del discurso. Por encima, toda una
policía de la Historia Científica moviendo los focos y desplazando las
sombras. Y, frente a ella, la rebeldía de una Historia Crítica empeñada en
pesquisar sus huellas, reconocer sus marcas, arrancar cuanto de
inadvertidamente 'político' se apega a la aparente naturalidad de las
sombras, a la reconfortante asistencia de la luz. Entre la luz y las
sombras, bajo la policía de la Ciencia y como solicitando la rebeldía de la
Crítica, el objeto.
1.
La policía de la "Historia Científica"
¿Crítica historiográfica como crítica de
la historiografía? En la medida en que exista no tiene nada que ver con el
tipo de discurso al que nos ha habituado la historia académica. La crítica
historiográfica "ortodoxa", disciplinaria, deviene, en realidad,
acto de afirmación: afirmación de un método canónico, de unas operaciones
consagradas y de un complejo ritual pragmático fetichizado. Su objetivo no
es, en absoluto, mirar el reverso de la historia para iluminar cuanto
oculta la bisutería de la cientificidad; antes al contrario, apunta hacia
la expulsión, hacia la estigmatización, de aquel relato insolente que, por
defecto o por exceso, trasciende de la normativa imperante y funda
inesperadamente sus pretensiones de validez sobre otra cadena conceptual.
En esta acepción, aparece cono la vertiente negativa de la literatura sobre
la "metodología" de la historia: el manual del método fijaría el
momento de la prescripción, como el estudio de "crítica historiográfica"
situaría -sobre el plano de la misma estrategia preventiva- el lugar de la
proscripción.
Prescripción/Proscripción..., éste es el doble movimiento que selecciona, a
un determinado nivel, los materiales y las técnicas de la forja del relato
historiográfico. La "prescripción" (metodología de la historia)
adelanta el discurso sobre los votos de la nueva congregación, reservando a
la Inquisición de la crítica historiográfica ("proscripción") las
tareas ingratas de la expulsión de los intrusos y la depuración de los
internos.
Para fundamentar el proyecto de una crítica radical de la historiografía,
proponemos una táctica máximamente concreta: desmontar aquel movimiento
doblemente coercitivo de la 'historia académica' para explorar los bajos
fondos políticos de la presunción de cientificidad de la disciplina
histórica allí donde empieza a fraguarse y en el momento mismo de su
afirmación mitificadora (en el taller de la metodología de la historia y en
la comisaría de la crítica historiográfica)
(...)
("Crítica Historiográfica: el Discurso del Impostor", en Homenatge
al doctor Sebastià García Martínez, Vol. 1, Consellería de Cultura,
Educació y Ciencia de la Generalitat Valenciana, 1988, pp. 315-323,
Valencia. En este artículo se sintetizaba buena parte de las conclusiones
de mi Tesis Doctoral -La Policía de la Historia Científica. Crítica del
Discurso Historiográfico, Murcia, 1991, inédita)
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