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La bala y la escuela
El husmo. Los filos
reseguidos del dolor
EL EDUCADOR MERCENARIO

El educador
mercenario aborda, con un lenguaje claro y de un modo muy directo, los
principales aspectos de la denegación contemporánea de
Recogemos el prólogo de
este trabajo, que se ha presentado como un manual
de anti-pedagogía.
A MODO DE “PRÓLOGO”
Escrituras ahuyentables I recoge las entrevistas que, durante los
últimos años, sirvieron a Pedro García Olivo de 'escudo', de 'barricada'
íntima, contra la fuente inconmensurable de su desasosiego:
Este
libro, "no apto para cualquiera", como gustaba advertir Herman Hesse
a propósito de su El lobo estepario, ha acertado, en nuestra opinión,
con su título: Escrituras ahuyentables. Escrituras que cabe 'alejar',
'evitar', 'sortear' (ahuyentar); escrituras de las que podemos 'protegernos',
sabedores de que nacieron con la voluntad de agredir ("Quién quiera que
seas, defiéndete; pues voy a dirigir contra ti la honda de una terrible
acusación", se nos 'aclara' en el encabezamiento de "Presentación");
escrituras de las que siempre es factible 'escabullirse', ponerse a salvo, como
no ocurre con esas otras literaturas 'inesquivadas', casi 'inevitables', que
caen sobre nosotros con la desfachatez del diluvio o de la escarcha y que tan
difícil resulta no leer - best-séllers, ocurrencias de los autores 'de moda',
montajes editoriales, obras complacientes de este o aquel
"escribidor" mimado por el mercado,... "Escrituras
ahuyentables" que definen desde el principio a su enemigo, el muy
sacralizado 'engendro' que quisieran borrar de la faz de
"¿Eres la noche?", nos pregunta, brutal y desconcertante, Pedro García Olivo, recogiendo un verso en alemán de Rilke ("Bist Du die Nacht?"), casi como 'prolegómeno' para la extraña batalla contra uno mismo a que aboca la lectura de su obra. Nos gustaría concluir esta breve nota con una tentativa de respuesta: no lo hemos sido, no sabemos por qué no hemos podido serlo... Hasta nos parece ilegítima la pretensión de buscar en el lector la noche. Y, sin embargo, cuando pensamos en todas esas palabras sedientas de interpelación que casi se amotinan en Escrituras ahuyentables, a las que hemos añadido erráticamente estas pocas nuestras, quisiéramos poder abrigar todavía, con Juan Rulfo, la esperanza de que "algún día... llegará la noche".
"¿Eres
la noche?”
Víctor Araya
Valencia, canícula del 2007