EDUCACIÓN OBLIGATORIA. PRISIONEROS A
TIEMPO PARCIAL

Con “Educación
obligatoria. Prisioneros a tiempo parcial”, participamos en el número 3 de la
revista “En
Recogemos aquí el artículo, en su integridad:
Educación
obligatoria. Prisioneros a tiempo parcial
1)
“Para educar, es preciso encerrar”: he aquí la justificación más zafia
de
Pero la falsía es evidente: entre “educación” y “escolarización” hay una
relación compleja y una asimetría irreparable, que desautoriza toda pretensión
de identificación. No, no se encierra para educar. Se encierra para otras
cosas y se educa de muchos otros modos.
La educación pasa, ocurre, acontece. Ni siquiera es
“deconstruíble”, cabría sostener en jerga de Derrida. Así como no
podemos “desmontar”
2)
Hay, además, otro tipo de educador, otra figura educativa, una figura entre muchas y un tipo entre tantos: el “profesor”...
¿Qué es un profesor? Es verdad que se trata de un “educador”.
Pero concurre una circunstancia que lo particulariza y que lo desvela,
ostenta un rango exclusivo... Nos encontramos ante un educador mercenario.
“Mercenario” en la doble acepción del término,
política y económica. En lo político, se halla inscrito en la cadena de la
autoridad, aparece tal un eslabón en el engranaje del despotismo. Su
lema, en palabras de Julio Cortázar, sería este: “mandar para obedecer,
obedecer para mandar”. En lo económico, porque, como recordó Steiner,
proclama consagrarse a
El “educador mercenario”, agente meretricio, se “desata” en
3)
Pero a la infancia no se la enclaustró, sin más, para “educarla”. Se la encerró y se la encierra para otras cosas...
Y vale
He aquí los propósitos prioritarios de la encarcelación intermitente...
4)
Todas las escuelas conocidas y concebibles aceptan este horror del encierro, esta miseria de la asistencia obligada. Da igual que se prediquen “cristianas” o “libertarias”...
Las consecuencias sobre la
psicología infantil de esa consentida clausura nunca serán analizadas
con rigor desde los ámbitos académicos, pues manda la legitimación de
“Apuntes de la casa muerta”, de Dostoievsky, obra que en ocasiones se tituló asimismo “El sepulcro de los vivos”, arroja perspectivas más esclarecedoras a propósito de las formas de mentalidad colectiva y del haz de posiciones individuales de subjetividad que engendra todo dispositivo de encierro y toda ingeniería carcelaria. Un ejemplo: los daños, sobre la sensibilidad y sobre el comportamiento, de la privación de soledad, de la imposibilidad de estar a solas, centrado en uno, a salvo de la mirada ajena y de las pesquisas de los otros, privación que se daba en los presidios de Siberia lo mismo que se da en nuestros centros “educativos”.
5)
No es fácil hacer el mal a sabiendas. No es sencillo mantener
prácticamente “inmovilizados”, o “movilizados” bajo coacción, a un hatajillo de
niños-reclusos; hablarles de lo que muy a menudo no les interesa; obligarlos a
callar y luego obligarlos a hablar; evaluar su “escucha”, su “memoria”, sus “destrezas”; insultarlos desde la
impunidad (“insuficiente”, “muy deficiente”, “suficiente”), etc., y regresar
después a casa con la conciencia tranquila, el corazón intacto, la vida en
paz... Se requería una disciplina que administrara el auto-engaño
profesoral; que inoculara, a cada docente, esa dosis de “mentira vital” sin
la cual, como apuntó Nietzsche, ningún ser humano puede soportar su
jornada. Y apareció
Toda pedagogía se definió, desde entonces, por este lado, como un “artificio para domar”, que diría Ferrer Guardia, y, por aquel, como “la bella mentirosa”, título de una película francesa. Justificaba el encierro domesticador y lo modernizaba.
Pedro García Olivo
www.pedrogarciaolivoliteratura.com