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El mito de la sociedad civil
El Representante De
(Odiando

Recogemos un pasaje de este artículo,
incluido en “A civilización enferma”, segundo monográfico de la revista Renderén:
Uno de los
rasgos definitorios de lo que se ha dado en llamar “Civilización Occidental”
estriba en su pretensión de aniquilar toda diferencia. Cultura soberbia,
arrogante, solipsista, nunca ha tolerado la cercanía de lo distinto, nunca ha
perseguido la convivencia con lo extraño. Su terrible pasión homogeneizadora se
proyecta hacia el exterior bajo la forma del genocidio y del imperialismo
cultural. Pero también se desboca hacia el interior, segregando o enclaustrando
al portador de la diferencia existencial. En ambos casos, usa como policía y
verdugo a su Razón, situándola fuera del tiempo, al margen de la historia, por
encima de las diferentes formaciones sociales y culturales. Las relaciones de
Occidente con el mundo musulmán ilustran
ese complejo de superioridad, ese fanatismo ideológico, ese dogmatismo criminal
en el que se disuelve toda posibilidad de una comprensión de Lo Otro, toda
eventualidad de un acercamiento respetuoso a Lo Diferente. Hacia el interior,
el ámbito cartesiano del manicomio y el dominio etéreo de la esquizofrenia
recogen a las víctimas de la “normalización”, seres supuestamente privados de
razón por inasimilables, enfermos por diferentes. Es tal su odio hacia la
alteridad, su manía igualadora, que, en nombre de esa uniformidad absoluta de
la subjetividad y de los comportamientos (objetivo histórico de
También aquí se
hace patente nuestra embriaguez de esperanza. Productos de nuestra cultura,
encarnaciones de la civilización dominante en el planeta, hemos depositado en
ella la esperanza que nuestro estrecho horizonte existencial no admite.
Esperamos de
Por el terror que sentimos ante la mera insinuación de que estamos equivocados y es preciso “cambiar”, esperamos que cambien los demás y dejamos que nuestros sabios y educadores imputen siempre el error al otro. Para no sospecharnos parásitos, usurpadores, criminales; para no reconocernos vacíos, desalmados; para romper todos los espejos en que nuestra procacidad aún pudiera reflejarse, mitificamos nuestra Civilización, le asignamos un destino planetario y la embadurnamos de esperanza. Ya que no cabe esperar nada de nosotros, de cada uno de nosotros, como individuos, lo esperamos todo de nuestra Razón, de nuestra Cultura, de todos nosotros juntos en la misma lata de mentiras. Incrédulo y desesperado, Basilio mira hacia otra parte. Hombre de la esperanza prostituta, el representante se mofa de él... Más fuerte que el fantochito, nuestro campesino pudo soportar la cercanía de tanta estupidez, tanto teatro, tanta falsedad, y seguir cenando. El fantasma de la corbata vomitó por otear la inteligencia primitiva, la realidad que acusa, el desenmascaramiento silencioso.
(Colectivo editorial Renderén, Ourense, 2009, pp. 14-18)